Febrero 17, 2019

Y, ¿si los gobiernos son enemigos de la ciudadanía?

para la mayoría de los ciudadanos la política es como un pozo sin fondo, lleno de contradicciones, decepciones, angustias y pérdida de esperanza.


Lunes 11 de Febrero de 2019, 10:15am


Como lo menciona L. Álvarez: “Ciudadanía es una condición de los individuos que se expresa en la relación Estado–Sociedad. Es la existencia de un orden jurídico  formal que exalta la condición legal e igualitaria de los individuos ante la ley, de reconocimiento de deberes y derechos que deben observar Estado y ciudadanos”. Es decir la ciudadanía existente o formal.

Al mismo tiempo coexiste otra ciudadanía que es la que hace efectiva a la anterior,  “la ciudadanía sustantiva”  o ciudadanía efectiva” que es el resultado “de la oposición, del conflicto y de la lucha entre individuos y grupos por el acceso y control de los recursos” (Tamayo). “Es la que ejerce y se realiza a partir de las practica sociales y políticas” (L. Álvarez). 

En este contexto, para la mayoría de los ciudadanos la política es como un pozo sin fondo, lleno de contradicciones, decepciones, angustias y pérdida de esperanza. Sienten que se ha extraviado el sentido de la democracia y del contrato social de ese “acuerdo que merece la pena”.

En varios países a pesar del contrato social en las mentes -obtusas democráticamente- de sus gobernantes, parece no estar presente ni siquiera la ciudadanía formal y –peor- la ciudadanía sustantiva. La democracia la utilizan para sus propios intereses, para adueñarse de las riquezas y ahora último con mayor énfasis para “encarcelar” el pensamiento crítico.

Esos gobernantes, ante cualquier expresión de desacuerdo sobre la base de la razón, la inteligencia y la verdad, desacreditan, amenazan, meten miedo, chantajean, reprimen, encarcelan, persiguen inmisericordemente al disidente. Utilizan el sofisma -arrastrar la verdad-, para promover el odio, el rencor, la ira, la venganza y la envidia. No son capaces de dar protección social y política al pensamiento crítico.

Quienes nos gobierna, de manera jurásica, nos tratan como como si nosotros los ciudadanos no respetaríamos el “contrato social” y como si estuviéramos en un “estado de naturaleza” como lo describió T. Hobbes: Viviendo en caos y en anarquía, a partir de nuestra naturaleza egoísta, bestial y de placer, sin posibilidad de confianza ni de cooperación.

Nuestros gobernantes, con olor a naftalina, “han perdido el espíritu de la época, han perdido el clima intelectual y cultural de la era, han perdido el Zeitgeist: El tiempo vital” (Ortega y Gasset). Por lo tanto, es tiempo de desmitificar a esos gobernantes. Ahora les toca replegarse, pues, han perdido la oportunidad ganada.

Rechacemos todo lo antidemocrático: “Las prácticas de los actores constituyen ciudadanía porque buscan hacer efectiva su pertenencia a la comunidad política y social. (L. Álvarez) ¡Es nuestro tiempo!

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