Marzo 21, 2019

Una mezcla de culturas dio origen al Pepino

Su aparición se remonta a mediados del siglo XIX y su historia está envuelta con mitos de la cultura aymara


Domingo 3 de Marzo de 2019, 7:45pm


La Paz, 3 de marzo (Revista Oxígeno-Urgentebo).- El carnaval que se vive actualmente en la urbe paceña proviene del sincretismo (mezcla) de culturas de los indígenas y españoles, que dio como resultado a la gran festividad que hoy todos conocemos como “El Carnaval Paceño”.

La presencia del Pepino en el carnaval paceño fue registrada en las entradas populares de 1908. Sin embargo se presume su participación desde muchos años atrás, está directamente relacionada al Pierrot, personaje integrante del arte de la comedia italiana, junto a los demás personajes europeos participantes de obras de teatro y carnaval.

La afirmación que se desprende de un estudio realizado por la Secretaría Municipal de Culturas, a través de la Dirección de Patrimonio Natural y Cultural, añade que “hacia 1850 aparecen arlequines y dominós en La Paz, ésta información nos permite deducir que entre ellos se encontraban también los pierrots.”, según la obra de Beatriz Rossells.

La reapropiación del Pierrot y el Arlequín en los carnavales latinoamericanos fue resaltada por muchos investigadores, quienes enfatizaron en los nuevos significados de los personajes en contextos del carnaval. La importancia del Pierrot, así como del Arlequín, es resumida en la siguiente cita:

Entre los personajes clásicos, los más reconocidos y perdurables son Pierrot (o Pedrolino), considerado el precursor del payaso, con la cara blanca y sombrero de pico, y Arlequín. Ambos constituyen arquetipos de la conducta masculina que se diputan el amor de una mujer Colombina. Mientras Pierrot es visto como un “naif”, casi tonto, objeto de bromas, distante de la realidad, prisionero de su túnica ancha y blanca, Arlequín es un payaso, acrobático y travieso, que representaba en la comedia a un criado bufón, astuto y avaro, siempre interesado en la comida y las mujeres y a veces con el comportamiento de un niño caprichoso… (Rossells, 2009).

Una de las maneras en que la población paceña adaptó el Pierrot europeo fue a través del Pepino, quien fuera registrado por primera vez en el carnaval de La Paz a inicios del siglo XX, en base a una fotografía de 1908.

Vida Tedesqui responsable de la Dirección de Patrimonio Cultural  de la Unidad de Patrimonio Inmaterial e Investigación Cultural, de acuerdo a investigaciones, afirma que  el pepino es una especie de transformación y recreación del kusillo y del Pierrot francés que se adoptaron en las antiguas mascaradas y en las fiestas de la clase alta de la sociedad paceña, en las que se presentaban diferentes personajes con trajes y máscaras de bufones, o arlequines.

“El pepino refleja una hibridación entre el arlequín francés y el kusillo andino, de este último adopta su carácter juguetón, alegre y bromista”-agrega-“el pepino  solía cargar una bolsita con mixtura, serpentina y sostenía un matasuegras confeccionado de trozos de cartón con el cual “golpeaba” a los que le “molestaban”, bailaba, saltaba y jugaba con los niños, quienes le gritaban: “pepino chorizo sin calzón” para posteriormente pedirle chauchita, chauchita y él arrojaba monedas con mixtura, los niños al intentar levantarlos eran “golpeados” con el matasuegras”.

En relación a la máscara en el vestuario del Pepino los “cuernos”, que son generalmente tres, serían una adaptación a partir del K’usillo por lo que la influencia andina estaría presente. 

Dado que los Pierrots nunca habrían usado caretas, más bien éstos maquillaban su rostro de blanco, con tonos negros en el contorno de los ojos y atravesadas con líneas verticales; incorporaban además a su vestuario una gorguera (adorno hecho de lienzo plegado y alechugado) en el cuello, que en el traje de los pepinos es una cenefa.

“La máscara por algo es ambigua, unos opinan que en ella el pepino simboliza la alegría, como en la mariposa de felicidad (…) pero ésta puede esconder la tristeza que lleva dentro el pepino y la ropa ancha puede tener un fin similar de esconder lo que no se quiere mostrar. Por consiguiente, la tristeza estaría al interior y la careta de alegría cubriendo la tristeza (…) En efecto, el pepino podía corretear alegremente por las principales calles de la ciudad al son de la música y las bandas, y por los barrios de fiesta, persiguiendo cholitas y chicas”.

Con respecto a la vestimenta del pepino, Tedesqui explica que incluso por los colores, que eran entre rosado y celeste se decía que el personaje no tenía sexo definido. Pero ya luego se lo asocia con la fertilidad y a la época de cosecha, por lo que es considerado hombre.

El Pepino no sólo habría heredado la máscara del K’usillo, sino también su carácter y simbolismo: solitario pero alegre, cómico y afecto a las travesuras de ahí que se resalte el doble origen del Pepino: uno europeo, a partir del Pierrot, y otro andino con el K’usillo, éste último personaje participa en la entrada del Jisk’a Anata principalmente, así como en las fraternidades de Waka-wakas.

El Pepino en la ciudad de La Paz seguramente tuvo que atravesar por diferentes vicisitudes para su definitiva consolidación como personaje principal de los carnavales. Desde la reapropiación del vestuario de Pierrot hasta la incursión en danzas populares, el Pepino fue una reinvención original, con sello creativo eminentemente paceño.

El Carnaval en la historia

A inicios del siglo XX, el carnaval paceño aún mantenía la influencia de un carnaval de élite, a imagen de un carnaval europeizado. Una de las principales características eran las comparsas, las mismas que se agrupaban en torno a salones de baile; asimismo, las elites se esmeraban en desfilar en carruajes adornados para la ocasión e influenciados por los diferentes contextos sociales y culturales.

En este espacio lúdico de transgresión, los sectores sociales populares fueron dando otra mirada sobre lo culto y “moderno” participando con diferentes agrupaciones y comparsas de jóvenes y adultos, derrochando su entusiasmo y alegría.

La farándula de Carnaval también atravesó diferentes momentos. Lo que hoy en día se presenta como irrisorio antiguamente no estaba permitido, así lo establece una Ordenanza Municipal de 1984 “…se prohíbe emplear como disfraz, uniformes o vestidos relativos al Clero, Fuerzas Armadas y Policía Nacional, así como aquellos que denigren a la mujer y a la maternidad.”

Era tradicional que la “Farándula de Carnaval” con personajes disfrazados y carros alegóricos recorran el centro de la ciudad de La Paz, desde la Estación de Ferrocarriles bajando por la Av. Kennedy, Av. América, Plaza Alonso de Mendoza, calle Evaristo Valle, Comercio, Plaza Murillo, Ayacucho, Mercado, Loayza. Av. 16 de Julio, calle Bueno, Av. Camacho.

Las culpas del pepino

Como personaje asume culpas relacionadas con la promiscuidad en carnavales, al creerse progenitor de niños. Conocida es la frase, “el Pepino tiene la culpa, de él es la wawa (hijo)”. No es casual que los pepinos persigan chicas con el “chorizo” en la mano, puesto que en ese corto tiempo del carnaval se libera de todas las ataduras morales y religiosas. Es el portador de la sexualidad porque lleva el chorizo en la mano como símbolo de falo, por tanto es la representación simbólica de la fertilidad. 

Según la tradición, si las mujeres tienen un hijo en época de carnaval declaran que es del Pepino el frenesí de este personaje dura los siete días del Carnaval pero, como todo ente, tiene que morir después de haber cumplido su misión; entonces se produce su muerte y entierro.

Para Tedesqui, se debe destacar que la esencia del “Carnaval Paceño”, no cambió en su esencia, sólo se fue adaptando a la coyuntura que vivió el país. “Actualmente el carnaval tiene una identidad muy particular, basada en los tres personajes como son: la Chola, el Pepino y el Ch’uta”, concluyó.

*El articulo fue publicado en la edición 92 correspondiente al mes de febrero en la Revista Oxígeno