Diciembre 18, 2018

Resucité de una muerte cruel

Esta es la historia de Gualberto Cusi. Fue magistrado del Tribunal Constitucional, como resultado de las elecciones de 2011. Fue sometido a un jucio y un exministro de Salud reveló una enfermedad que padece. Ese fue el inicio de algo parecido a la muerte


Jueves 23 de Agosto de 2018, 10:15am


La Paz, 23 de agosto (Giovanna de la Cruz).- El hábito de lavarse las manos es una acción natural que todos debemos practicar, es mal visto cuando una persona no lo hace, ya que contribuye a prevenir problemas de salud. Hace cuatro meses, este hábito generó un malestar en la comunidad altiplánica de Jilatiti Qullana del departamento de La Paz, lugar de origen del exmagistrado Gualberto Cusi.

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El exmagistrado Gualberto Cusi en un sitio del altiplano paceño

Después de un arduo trabajo comunal en una pequeña represa, los comunarios se acomodaban para almorzar. Cusi, quien también trabajó, fue a lavarse las manos en un pequeño río, pero, como no se lo esperaba desató un gran rechazo de los lugareños, quienes lo culparon de contaminar el agua, con la enfermedad que acompaña a Cusi desde hace seis años.

La actitud de quienes creía lo estimaban lo hirió, pero no lo derribó, prefirió agachar la cabeza y retirarse para no empeorar el conflicto. No era la primera vez que sufría el prejuicio de las personas en el país. Algo que no hubiese ocurrido de no ser por lo hecho por el exministro Juan Carlos Calvimontes-

La falta de información sobre su enfermedad, llevó a muchas personas a tomar actitudes crueles: no comprenden que el VIH/SIDA no se contagia, que, en realidad y la falta de comprensión que esta enfermedad no daña tanto como la actitud de la gente.

“El hecho de estar enfermo significa que debes tener plata, en vez de matarme prefirieron que la población me haga a un lado y en cierto modo lograron su propósito”. “Ahora estoy más aferrado a la vida y como nunca quiero vivir”, asegura Gualberto, que en el pasado ataviado con poncho y sombrero ejercía el cargo de Magistrado. Hoy vestido con un deportivo azul pastel, gorro de lana de color negro, cargado de una mochila desgastada, acude cada tres meses al Centro de vigilancia, información y referencia (CDVIR) de La Paz,  para recoger sus medicamentos.

Mi familia no sabía

El 22 de diciembre del 2014, en una conferencia de prensa, el entonces Ministro de Salud, Juan Carlos Calvimontes, reveló el estado de salud de Gualberto Cusi, quien ejercía el cargo de Magistrado en el Tribunal Constitucional Plurinacional y estaba hospitalizado por un mal que hasta ese momento se desconocía.

Tales declaraciones generaron un inmediato rechazo en la población. La Ley 3729 del 8 de agosto de 2007 determina que las personas que sufren este mal tienen derecho a la reserva, garantía que fue violentada por Calvimontes.

Tiempo después de las declaraciones, el otrora Ministro de Salud por orden judicial convocó a conferencia de prensa para disculparse públicamente de Cusi y retractarse de sus declaraciones, teniendo que pagar el monto de 2.500 bolivianos, según decidió un  juez.

Aceleración de su muerte

Días después de la revelación de su enfermedad, el propio presidente Evo Morales ante los medios afirmó que como gobierno nacional harán todo lo posible para salvar la vida de Gualberto Cusi, ofreciendo todo el apoyo desde las instituciones públicas.

Pasado un tiempo, el Gobierno abrió un juicio de responsabilidades en contra de Cusi por prevaricato. Sin dinero, ni abogados, junto a su amigo Roberto De la Cruz, acudió a amigos para su defensa legal de manera gratuita, es así que contaron con el apoyo de los abogados William Bascopé, Víctor Hugo Chávez y Luis Fernández, quienes atendieron su caso hasta el último momento.

Gualberto Cusi fue hallado culpable y fue destituido del cargo de Magistrado, como consecuencia ya no tuvo el apoyo del seguro social de salud para su atención, ante tal situación pensó en acelerar su muerte.

Roberto De la Cruz no olvida la imagen del rostro de su amigo, con los ojos húmedos de donde emanaban ríos de desesperanza surcando su delgado rostro moreno. Momentos oscuros donde sus únicas fortalezas eran su madre y los pocos amigos que le quedaban.

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El exmagistrado Cusi con su madre, el ser que lo acompañó en sus momentos más difíciles (Alejandro Carrasco)

Pobreza franciscana

El exdirigente de El Alto recuerda un episodio que lo llevó a descubrir la situación por la que estaba atravesando Gualberto. El día en que se encontraron por la Ceja para hacer unas diligencias en la ciudad de La Paz, tomaron un minibús para dirigirse a la sede de gobierno. Cuando el ayudante del minibús cobraba los pasajes, Cusi una y otra vez se tocaba los bolsillos sin saber qué hacer, su amigo al darse cuenta que no traía ni un centavo, pagó por él.

De manera cautelosa, empezó a indagar a Gualberto sobre su situación, a raíz de esto llegó a conocer su pequeña y precaria casa en la zona de Villa Dolores de El Alto, donde evidenció que sus reservas alimenticias y ahorros se habían terminado. Que aquel golpe recibido tuvo un efecto duro en su economía de subsistencia.

Pidieron ayuda a la población para apoyar a Cusi, recibieron víveres e incluso abrieron un número de cuenta bancaria donde los aportes anónimos llegaban. “El aimara, -dice Roberto-, tiene miedo en estirar la mano, pero no había otro modo para ayudarlo”, recuerda.

Como dijo el Juez estadounidense, Johh Hessin Clarke, “cuando la pobreza entra por la puerta, el amor salta por la ventana”, pero en este caso no fue así, el amor de su madre estuvo por sobre todas las cosas en todos los momentos que atravesó Cusi.

El deseo de una madre es ver a su hijo feliz y con vida. Por eso la mujer de cuerpo encorvado, que carga en las espaldas casi un centenar de años, se vio en la necesidad de salir a la calle para vender sus más preciados tesoros: sus polleras, tejidos, camas de lana de oveja, para poder ayudar a su hijo.

El hombre del poncho y sombrero

De niño, Gualberto veía a su padre leer y llevar siempre consigo la Constitución Política del Estado, Código Penal, Civil, entre otros. Su progenitor ejercía el rol de Corregidor en su comunidad, quien es la persona responsable de ejercer justicia en el sector. Motivado por eso, Gualberto estudió Derecho en la Universidad Mayor de San Andrés, titulándose como abogado el año 1997.

El ser Magistrado del Tribunal Constitucional Plurinacional no estaba en sus planes, soñaba en ser Alcalde, Diputado, Senador, pero “gracias al voto de la gente llegué a ser Magistrado”, afirma.

“La responsabilidad era muy grande, no teníamos derecho a equivocarnos”, afirma Cusi. Los problemas con el gobierno comenzaron cuando declaró públicamente que cualquier intervención a territorio de los pueblos indígenas debería ser por consulta previa, también mostró su desacuerdo con la reelección del Presidente a un segundo mandato por no enmarcarse en la Constitución. Él está seguro de que esas declaraciones y no un argumento jurídico, dieron lugar al trato recibido por parte de las autoridades.

 Tengo 100 hijos

“Tengo cien hijos”, comenta mientras esboza una sonrisa picaresca. Llama hijos a los cien arbolitos que sembró a principios de año en su casa de Qullana. “Su lechecita es la agüita que no les hago faltar”, recuerda con añoro, por eso todos los fines de semana junto a su madre viaja a su comunidad, donde encuentra paz y libertad, ya que en su casa de El Alto las grandes edificaciones vecinas le cubren incluso de la luz del sol.

El amor tocó la puerta de Gualberto muchas veces, incluso en su época universitaria donde estuvo a punto de casarse, pero por su indecisión, su  amada prendió vuelo hacia otro árbol.

Recuperar el orgullo del aimara

A inicios de mayo de este año, el Consejo Nacional de Ayllus y Marcas del Qullasuyo (Conamaq) realizó su T‘antachawi (asamblea) donde Gualberto Cusi fue electo como el representante principal de esta organización. “Acepté porque creo que hay que recuperar el orgullo de ser aimara”. En los últimos años hubo distintas denuncias de corrupción contra dirigentes y autoridades aimaras, pero tildar a todos de ladrones, - asegura Cusi-, es un error y buscará cambiar esto.

“No pienso morir, yo creo que los aportes que voy a hacer recién vienen, lo que se ha visto quizá son pequeños destellos”, expresa Gualberto con una brillo particular en los ojos.

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