Julio 19, 2018

No hay temor de Dios

Siendo que todo tiene un trasfondo espiritual -en desconocimiento de ello- el intento de solución no atacará la raíz sino solo el síntoma de la enfermedad y el remedio resultará precario.


Miércoles 10 de Enero de 2018, 11:45am


Hace poco alguien me pidió que aborde temas candentes de nuestra sociedad -como las violaciones que con pasmosa regularidad se dan de padres a hijos, entre hermanos o familiares cercanos; la muerte en las calles o los atracos hollywoodenses- al mismo tiempo que otro, lanzaba la dramática pregunta -¿qué nos pasa a los bolivianos?- ante los horrorosos sucesos cuya crudeza supera la imaginación, tal el caso de una madre muerta por desnutrición luego que su hijo la tuvo encerrada por años. Añadamos a ello las injusticias que se producen cada día en el país y preguntémonos…¿por qué es que ocurre esto?

Siendo que todo tiene un trasfondo espiritual -en desconocimiento de ello- el intento de solución no atacará la raíz sino solo el síntoma de la enfermedad y el remedio resultará precario.

¿Por qué semejantes niveles de perversión sexual? ¿Qué hace que la inseguridad aumente tanto? ¿Por qué se tiene en poco la vida? ¿Por qué la sensación de que hacer dinero a costa de la corrupción no es algo malo? ¿Dónde ha quedado el amor filial y el amor natural entre hermanos? ¿Por qué el hombre hace cosas hoy cual si la impunidad estuviera de su lado? ¿No existen más los valores morales? ¿No hay conciencia de lo bueno y lo malo? Los valores existen pero como el concepto del bien y el mal se ha relativizado, también la conciencia del hombre al dejar de lado a Dios…¡eso es lo que está pasando!

A diferencia de las leyes y normas humanas, los mandatos y estatutos de Dios son absolutos, inalterables, obligatorios -no se negocian- y entrañan para el hombre una recompensa o castigo.

El problema del hombre es que se alejó de Dios y a muchos “les importa un comino” pues su mente está tomada por el mal, escrito está que esto iba a pasar, que en los últimos tiempos que vivimos -por haberse multiplicado la maldad- el amor de muchos se enfriaría, sin darse cuenta del grave peligro de la condenación de su alma por la eternidad. Por eso es que, unos por tener demasiado y otros por no tener nada, dejan de lado al Creador: no hay temor de Dios.

La ignorancia de la Palabra en unos casos, la negligencia en otros, el amor al dinero -raíz de todos los males- endurecen el corazón del hombre y a partir de ahí cabe todo, el hombre pasa a ser su propio Dios -ocurre con los ciudadanos, ocurre con las autoridades- no importa más la vida, la seguridad, ni la honra, mucho menos el amor, porque Dios está ausente en todos ellos con la natural consecuencia del caos en lo personal, en lo familiar, en la sociedad…

(*) Pastor de Jesucristo por la voluntad de Dios

Santa Cruz, 10 de enero de 2018

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