Mayo 26, 2019

Más helado que un picolé…

No es común que los científicos en el mundo se expongan así ¿saben por qué? Porque los malos activistas son irrespetuosos -violentos también- y al sentirse confrontados por la verdad, lo que hacen es agredir.


Miércoles 15 de Mayo de 2019, 12:00pm


Conozco al Ingeniero Agrónomo Roberto Unterladstaetter -Doctor en Ciencias Agrícolas por la Universidad de Hohenheim, Alemania, además- y doy fe de su aplomo como persona. He tenido el placer de escucharlo exponer de forma magistral sobre temas de su competencia; lo he visto debatir caballerosamente; he sido testigo de sus críticas con firmeza, siempre con propuestas de solución, respaldado por su formación profesional y su dilatada experiencia como Investigador, Consultor Científico, Docente de Postgrado y uno de los mejores Catedráticos en la Facultad de Ciencias Agrícolas de la Universidad Autónoma Gabriel René Moreno, donde además es Profesor Emérito.

¿Por qué era necesario este prólogo? Porque recién leí un artículo suyo titulado “Biotecnología y miopía” que me dejó frío, más helado que un picolé (https://www.eldeber.com.bo/opinion/Biotecnologia-y-miopia-20190506-7193.html).

Unterladstaetter, cansado de ver por la prensa las boberías y majaderías de “expertos” y “activistas” -muchos de ellos simples opositores políticos, mimetizados como ecologistas y ambientalistas- denigrando la biotecnología, los Organismos Genéticamente Modificados (OGM) y alimentos transgénicos; con febriles aseveraciones de que el glifosato causa cáncer; la supuesta “calamidad” de producir biocombustibles; la defensa del negocio de los alimentos orgánicos con la alharaca de ser libres de químicos, cuando -según el autor- “toda la vida es química pura y la agricultura es siempre orgánica, se use o no agroquímicos”, por lo que terminó tildándolos de varias cosas, entre ellas, de ignorantes

Nunca lo vi expresarse así -¡les dijo de todo!- pero no por ello dejó de ser el gran científico que en él reconozco, ejemplificando con números -v.gr.- que los OGM (como la soya genéticamente mejorada producida en Bolivia usando glifosato) no hacen daño a la salud y la prueba es que se la come cada día desde hace 15 años; o, el gran aporte de la “siembra directa” en Santa Cruz -que los “ecologistas” ignoran y por eso siguen con su mito del monocultivo- pese a que la soya de verano rota en invierno con trigo, maíz, girasol, sorgo y otros, como un virtuoso y sostenible sistema de producción.

No es común que los científicos en el mundo se expongan así ¿saben por qué? Porque los malos activistas son irrespetuosos -violentos también- y al sentirse confrontados por la verdad, lo que hacen es agredir. Por eso no solo mi gratitud, sino también, mis respetos por la valentía del Dr. Roberto Unterladstaetter.

(*) Economista y Magíster en Comercio Internacional

 

Santa Cruz, 15 de mayo de 2019

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