Agosto 22, 2019

La historia de Soledad Patty, una cebra de exportación

Como Cebra estuvo en las calles por ocho años, tiempo en el que animó a los niños hacia una nueva cultura urbana y orientó a personas adultas. Hoy ella es una de las mejores exponentes de la Cultura Cebra. Por ello viajó a Estados Unidos para participar de un evento del BID.


Domingo 13 de Mayo de 2018, 5:00pm




La Paz, 13 de mayo (Soledad Mena, El Compadre).- Soledad Patty Larico es una de las cebras más antiguas del grupo de educadores viales que la Alcaldía de La Paz creó hace ya 16 años. Hoy ella es una líder natural de las reconocidas cebras. Aprendió a conquistar a las personas y principalmentre a irradiar amor y respeto a los niños, con los cálidos abrazos que ella entrega cada día. Con frecuencia visita colegios, asilos y  hospitales en La Paz y en otras ciudades bolivianas. Su próxima meta es compartir su experiencia en el exterior.

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Soledad Paty Larico, en plena acción, junto a una colega suya en La Paz (Foto. Alejandro Carrasco, Urgentebo)

Ella tiene 31 años de edad es educadora parvularia. Fue parte del primer grupo de las cebras como resultado de un convenio entre el Gobierno Municipal de La Paz y la Fundación Arco Iris, esa obra social del padre José Nehuenhofer que acoge a niños y jóvenes en situación de vulnerabilidad.

Antes de formar parte del equipo de cebras se dedicaba a la venta de dulces junto a su madre en El Prado de La Paz. “Mi mamá tenía su puesto de venta en la calle, yo le ayudaba a vender dulces”, recuerda.

Una vez que fue seleccionada en el equipo de las educadoras urbana, su actitud ante la vida fue cambiando gracias a los talleres motivacionales; talleres de danza y  teatro; y expresión corporal.

Soledad era una jovencita tímida, pero con el método de la formación de las Cebras aprendió a relacionarse con las personas, a jugar con los niños, con los jóvenes y los adultos. 

Descubrió su vocación al ingresar al programa de educación vial hoy reconocido como innovador desde el exterior. Estudió Educación Parvularia para educar a niños especiales. También llegó a descubrir que podía ser buena actriz; por ello ingresó a formar parte del electo de teatro “Quijotadas Bolivia”  que le permitió viajar y poder relacionarse con otras personas. Así pudo contribuir más a la educación y cultura ciudadana. 

Como Cebra estuvo en las calles por ocho años, tiempo en el que animó a los niños hacia una nueva cultura urbana y orientó a personas adultas. El estar en las calles, más que difícil, para ella fue divertido. Fue un periodo en el que sembró actitudes nuevas y su vida dio un giro radical. 

“Creen en nosotros, nos hacen caso. El amor que nos pueden entregar y devolver es increíble. Que me sigan saludando con o sin traje es algo inesperado. Uno se siente bien, por haber ayudado, es lo  mejor”, remarca.

Lo negativo, es que nunca faltan hombres morbosos, “no faltan esas personas que se  desubicadas, esas personas mayores que nos quieren manosear, uno no puede reaccionar  agresivamente porque es cebra”, dijo.

Su lucha también es contra el acoso sexual. A veces las  “cebritas” son  víctimas de  manoseos de los pervertidos y “borrachos”. Pasó en la zona de Cotahuma, donde un hombre en estado de ebriedad sorprendió a una cebrita agarrándola por detrás. El fue denunciado ante la Policía. La idea es que las mujeres cebras no se callen ante las agresiones sexuales: “A veces uno se calla por vergüenza,  pero en los talleres les incentivamos a denunciar estos hechos”, apuntó.

Fuera de ello, Soledad también fue víctima de insultos y burlas: “no pareces cebra, pareces vaca”, recuerda que le gritaban. Son anécdotas negativas que son pasajeras, dice ella.

Tuvo que lidiar con los choferes y los voceadores. En la primera etapa de las cebras, desde los minibuses les arrancaban las máscaras.

Hoy día hay choferes mantienen ciertos gestos y hábitos contra la cultura urbana: “A veces por jugar, ellos nos agreden y avanzan hasta el paso peatonal. Y no falta un transeúnte que nos dan palmadas en el trasero”, expresa. 

Hace poco tiempo se convirtió en capacitadora de maestros de las unidades educativas. Enseña a través de los talleres toda la filosofía de la cebra que está relacionada con la educación urbana repartiendo amor y felicidad. 

“La Cebra siempre abraza, muestra amor y felicidad; rompe barreras. Hay que saber ganarse la confianza de los demás”, dice Soledad Paty Larico.

Esa actitud que caracteriza a la Cebra la ha convertido en una educadora de exportación El 15 de febrero fue invitada a un evento organizado por el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) a  Washington para compartir la filosofía de la cebra a líderes de las Américas. “La impresión fue positiva y estaban  interesados, allá las personas son fríos no expresan ese cariño por otra persona”, dijo. 

La mirada es expandir la filosofía de la Cebra al exterior, ofrecerles la oportunidad de compartir el programa que nació en La Paz hace 16 años y que hoy  goza del reconocimiento.