Agosto 25, 2019

La crisis del papel

No existe una fórmula mágica para resolver las crisis de los medios que además tampoco es nueva, cada época ha tenido su propia crisis


Domingo 28 de Abril de 2019, 12:00pm




Hace poco distintos medios de comunicación echaron el grito al cielo, cuando se mencionó que se considera suspender la obligatoriedad en la publicación de edictos en los periódicos, estableciéndose la publicación digital como una alternativa para su conocimiento y difusión.

Resulta que muchos de los periódicos actuales dependen de la publicación de estos edictos para su subsistencia, que la ausencia de este avisaje los perjudicaría en sus finanzas, tanto que se perderían empleos o incluso se cerrarían los medios.

Cualquiera diría que el cambio de esta normativa será entonces la máxima “expresión” contra la libertad de expresión, o lo que se quiere creer es “libertad de expresión”, a mí me gusta llamarla o definirla como el “libertinaje de la expresión”… pero ese es otro debate, la pregunta aquí es ¿cómo llegaron los periódicos a esta situación?

La verdad, no creo que sea culpa del Estado, que la gente ya no compre periódicos, que su venta se haya reducido al extremo de depender de las “intimidades judiciales” de terceros, yo creo que su crisis está más relacionada a la falta de contenido atractivo y competitivo, debido a una fatal ausencia de lectura del mercado o que es lo mismo, las necesidades informativas reales de los lectores potenciales.

¿El contenido actual de los medios de comunicación es realmente atractivo? Esta es una pregunta a la que pocos periodistas están dispuestos a responder, porque implica reconocer que la crisis real, es periodística antes que económica.

Desde que el “internet” a planteado un nuevo modelo y/o lenguaje periodístico, los periódicos bolivianos, no han podido convertir esta “desventaja” en una oportunidad, al contrario se han concentrado en intentar replicar el mismo contenido tanto en la red como en lo impreso, manteniendo no solo el fondo y la forma del modelo informativo, al extremo que los lectores ya no encuentran una diferencia entre ambas plataformas, cuando lo que domina en el mundo contemporáneo es plantear contenidos distintos, aceptar que se trata de consumidores distintos con expectativas y necesidades diferenciadas.

Otro elemento que también espanta a los lectores, incluso evita que surjan nuevos, es la constante proximidad al apocalipsis con la que procesan y emiten su información, lo hace siempre como si el hecho noticioso en sí, es una prueba más de que el fin de la humanidad está próximo.

De la misma manera su tendencia a negativizar toda información generada por el Estado, llegando a extremos de no aplicar ni siquiera un principio elemental de parte y contraparte hace que sus lectores se cansen de ser testigos involuntarios de la patética pelea política en la que ellos participan, debido a que priorizan una condición politizada, superficial y nada ideológica, camuflada en principios y valores éticos periodísticos que ellos mismos debilitan, acción que subestima la inteligencia de sus lectores y la de sus clientes “puublicitarios”, que perciben la mala intención informativa y los llevan al agotamiento que los impulsa a cerrar las páginas, a saltar de titular en titular, a no pasar en el mejor de los casos, del primer párrafo.

No existe una fórmula mágica para resolver las crisis de los medios que además tampoco es nueva, cada época ha tenido su propia crisis, cuando surgieron los televisores, cuando nació la world wide web, cuando irrumpieron las redes sociales… la clave siempre ha sido la capacidad de reinventarse no de los medios de comunicación, sino de los periodistas que trabajan en ellos, de los seres humanos ajenos a la mirada depredadora de la empresa, porque son los que tiene la capacidad de adaptarse a los nuevos lenguajes, diferenciarlos, ampliar su mirada, volver a la multimedia, regresar al mundo de micromedios, recuperar la mirada individual, rescatar los géneros olvidados, todo con el único fin de reconquistar permanentemente al lector. 

Sin embargo parece que la gran mayoría de los periodistas en Bolivia, parecen haber olvidado estos talentos, los perdieron en el bucle catastrófico de la coyuntura que los mantiene hipnotizados en la redacción de una noticia atrapada en un fatídico “lugar común”. Si los medios impresos, mínimamente, no logran crear contenidos atractivos en las plataformas dominantes de la red y que además se diferencie del contenido impreso, que más allá de la inmediatez profundice el tratamiento informativo, están simplemente cavando su tumba y en el marco de una macabra síntesis, los diarios bolivianos están/estarán matando de aburrimiento a sus lectores.