Junio 24, 2019

Annus Horribilis

Pero, ojo, el Latinobarómetro nos da un aliento: no es que haya una demanda expresa por regímenes autoritarios, hay un pedido firme de ordenar la casa. Hay un hastío de la corrupción, del abuso de poder, de la mentira, de la mañosería política, del cinismo


Jueves 28 de Marzo de 2019, 2:15pm




De acuerdo con los indicadores del Latinobarómetro, el 2018 fue un año horrible (Annus Horribilis) porque como nunca antes los latinoamericanos están (mos) insatisfechos con la salud, con la democracia, con los representantes políticos, con la partidocracia, con el populismo, la demagogia, con la economía y un largo etcétera.

Pero lo más preocupante es que esa insatisfacción, de acuerdo al estudio, se refleja en un segundo rasgo peligroso: la indiferencia. De acuerdo al informe, el 28% de los consultados se declaró indiferente frente a la preferencia por una forma de gobierno. Para el 48% de los latinoamericanos, el valor de la democracia ha caído. Está en crisis. Ya el informe en 2017 versaba de una “diabetes democrática” en nuestro continente. Enfermedad invisible que ahora se presenta de una manera diáfana, pero, además, brutal, para la salud de nuestra democracia.

No es que la democracia esté enferma terminal, pero sí su erosión es una tendencia a la baja.

En este último informe del Latinobarómetro, se plantea que la percepción de una crisis económica es una constante y que vivimos serios problemas de bienestar económico. Salvo Bolivia, Chile y República Dominicana, países donde los índices del estudio muestran un mejor panorama perceptual.

En España, de acuerdo con otro estudio reciente ¿Un ascensor social roto? Cómo promover la movilidad social, elaborado por la OCDE y publicado por El País, se estaría conformando una casta social y económica ibérica, ya que la brecha de prosperidad entre quienes tienen más recursos de los que no, ocasionará que la clase media, media baja tarde más de 120 años (cuatro generaciones)  en alcanzar sueldos rentables y atractivos.

Hay una descomposición social. Hay una enorme insatisfacción que monta el escenario para la aparición de Orcus, quien parecería advertirnos que si continuamos en esta curva descendente aparecerán los regímenes totalitarios y autoritarios como una alternativa para los ciudadanos. Pero ojo, el Latinobarómetro nos da un aliento: no es que haya una demanda expresa por regímenes autoritarios, hay un pedido firme de ordenar la casa. Hay un hastío de la corrupción, del abuso de poder, de la mentira, de la mañosería política, del cinismo.

Citando a la directora del Latinobarómetro, Marta Lagos, prácticamente seis de cada diez personas consultadas no votarían por un partido político; señal de debilidad de la democracia, ya que sin partidos, claramente, las democracias no funcionan, advierte.

Para quienes vivimos, tiempo atrás, bajo dictadura, que vimos la bota militar pisoteando las libertades, que vimos la persecución política, el destierro, la censura, el miedo, Venezuela, Nicaragua y Cuba son este ogro etrusco que con su espada decapita y mata y son una real amenaza a nuestras democracias. Pero son, además, un desafío apremiante de contar a esos jóvenes de entre 16 y 26 años que debemos proteger nuestros derechos y libertades y que la indiferencia es el trampolín para los déspotas y autócratas.

La película que nos muestra el informe es que, no habría aquellos tanquetazos o golpes de estado, sino más bien, mazazos constantes de regímenes populistas con personalismos presidenciales que socavan la autonomía de los distintos poderes del estado y terminan en una gula de poder, disparando los triglicéridos de la democracia, para que ésta termine con una diabetes a causa de su obesidad mórbida de poder, mientras los ciudadanos miran para otro lado.

La crisis, sin duda alguna, no se puede evitar. Pero sí se puede prevenir para que este 2019 no sea ese annus horribilis

///