Septiembre 20, 2017

Una triste realidad en Bolivia…

Muchos se amargaron viendo el reportaje viralizado por las redes sociales -pese a ser del 2013- donde un niño decía que recibían las sobras de la gente, triste realidad para quienes trajinan desde la madrugada mientras Ud. y yo dormimos cómodamente.


Miércoles 11 de Enero de 2017, 5:15pm


¿Le ha tocado ver a Ud. en ciertas partes del país a niños y perros que corren juntos esperando que les tiren -desde los autos que pasan- un pan o restos de comida?

Es posiblemente un cuadro exclusivo de Bolivia, niños al costado del camino extendiendo la mano, mendigando; en el tramo Cochabamba-Oruro-La Paz, es cosa de todos los días; desde sus comunidades, caminando horas entre los cerros, niños muy pequeños salen de madrugada rumbo a la carretera”, reportó Ariel Sánchez en una nota de la Red ATB, desde la Provincia Bolívar, Cochabamba.

Muchos se amargaron viendo el reportaje viralizado por las redes sociales -pese a ser del 2013- donde un niño decía que recibían las sobras de la gente, triste realidad para quienes trajinan desde la madrugada mientras Ud. y yo dormimos cómodamente.

Los conmovidos reporteros abrazan, besan y dan regalos a sus entrevistados, cuando advierten a una niñita de 6 años, a punto de llorar…¿emoción por la muñequita recibida? ¡No! Lágrimas por el frío y el hambre al estar cinco horas sin comer. La nota concluye estremecedoramente: Tal escena en esa ruta es casi parte del paisaje...

Recuerdo que en 1979, en el viaje de Pre-Promoción que obligaba hacer el Colegio Alemán "para conocer la realidad de Bolivia", vi esa misma escena, probablemente eran los abuelos o padres de los pequeños mendigos del video, siempre ahí, a la vera del camino, pero también vi a otros niños entrando en un frío polar a las minas de Oruro y Potosí a sacar mineral, socavón adentro, donde la temperatura subía a más de 40 grados centígrados…mascando coca, tomando alcohol, trabajando en calzoncillos todo el día…¿sabe Ud. si ha cambiado esto?

Vi cómo nuestros pobres campesinos del Altiplano labraban con el arado egipcio de madera; me dolió ver a una viejita de pollera dirigir el arado y lo que de veras me partió el alma fue ver que no era un buey, sino su esposo quien lo jalaba.

Me tocó ver también en Sucre, cómo un pobre tarabuqueño se abalanzó a mi plato donde a propósito dejé chorizos para que él los comiera -aún tengo la foto- sus ojos muy abiertos, como asustado, cual si le fuera a reclamar. ¡Triste!

Amigos…solo dos cosas cambian al hombre para bien: en lo natural, la buena educación, labor inexcusable del Estado; en lo espiritual -Dios- con personas que prediquen y colaboren. De las dos, la segunda es la mejor por el cambio integral y la salvación eterna de por medio. Las dádivas ayudan pero no resuelven. ¡Siempre será mejor enseñar a pescar, que regalar un pescado!

(*) Economista y Magíster en Comercio Internacional

Santa Cruz, 11 de enero de 2017

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